Marzo 1988: Juan José Vejarano (camarógrafo), Dick Emanuelsson, Manuel Marulanda y Lúz Eugenia Vázquez Cruz. FOTO: ALVAN.
Al último descanso Luz Vásquez
Esta mañana supe de la triste noticia que una querida colega, amiga y
camarada, Luz Eugenia Vásquez Cruz había muerto.
Con Luz pase dos semanas 1988 en Casa Verde, la base central de las
FARC-EP. Le acompañaba el camarógrafo Juan
José Vejarano. Iban a hacer filmaciones para un documental sobre la
historia de las FARC.
Yo había llegado con mi viejo amigo, colega y camarada Álvaro Angarita del semanario VOZ y fueron dos semanas para este
sueco muy interesantes, coronándolas con una foto con el legendario fundador de
las FARC-EP, Manuel Marulanda, además cubriendo la 2a Cumbre de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar
con participación de los demás movimientos guerrilleros.
EN OTRA OPORTUNIDAD NOS
encontramos en Bogotá cuando ella trabajaba en la Comisión de DDHH del
Ministerio del Interior bajo el mando de Horacio
Serpa. No me acuerdo exactamente el año pero creo que fue durante el
gobierno de Ernesto Samper. Y estaba contenta porque había podido viajar a los
Farallones en el Valle para documentar las barbaridades del paramilitarismo. Me
contaba que había topado con unos paramilitares y que uno de ellos tenía una
cabeza en su mochila de una víctima campesina e indígena, un “trofeo” enfermizo
de esos bárbaros, el monstruo del terrorismo de estado.
No solo ella dejó hermosas impresiones en este corresponsal sueco, sino
también su padre, el humilde pero lleno de principios marxistas-leninistas
ALVARO VAZQUES, secretario general del Partido Comunista Colombiano, durante
varios años gloriosos, junto con Gilberto Vieira y Manuel Cepeda, inolvidables
dirigentes del partido.
Una colega y compañera ha partido. Paz en su tumba.
DICK EMANUELSSON
Tegucigalpa-Honduras
FOTO: De los
cinco, incluyendo Álvaro cómo fotógrafo solo este servidor sigue en vida.
“Con Luz y el comandante en jefe de las FARC-EP, Manuel Marulanda más el
camarógrafo de Luz (con barba) Juan José Vejarano que tuvo la tropa de todo el
cordón de Seguridad de Marulanda y Jacobo Arenas del campamento durante días,
haciendo formación y ejercicios en la cancha para que saliera perfecta la
filmación.
Era durante “El Acuerdo de Cese al Fuego de La Uribe” (municipio en el
departamento del Meta) en marzo de 1988. 20 meses después, el presidente
liberal César Gaviria ordenaría al ejército y la aviación de atacar y
bombardear ”Casa Verde”, el mismo día de las elecciones a la Constituyente para
matar a Marulanda y los integrantes del Secretariado que se encontraba
temporalmente ahí. Lo que consiguió el representante de la oligarquía
militarista eran diez años más de guerra en donde miles de los mejores hijos e
hijas del pueblo fueron sacrificados por las ganancias del gran capital.
Ya en 1999 comenzaron las negociaciones de paz en San Vicente de Caguán
pero con una guerrilla que durante esos años se había fortalecido enormemente.
Duraron dos años las conversaciones hasta que el presidente conservador
Andrés Pastrana las rompió y dio luz verde al ejército y Pentágono de iniciar
formalmente Plan Colombia y la guerra que duró otros diez años más, llegando a
final del 2012 a La Habana que formalmente terminó en noviembre de 2016 con el
Acuerdo de Paz.
Cada uno puede sacar sus propias conclusiones del mismo.
El ataque a Casa Verde y la Constituyente 25 años después: lecciones y paradojas
Por
Roberto Romero Ospina, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación. Fuente: ANNCOL.
El 9 de diciembre de 1990 el país presenció la verdadera
puesta en escena de la combinación de todas las formas de lucha, la
vieja táctica casi siempre exitosa que inventó el establecimiento para
mantener su predominio en la vida nacional.
Ese día, cuando millones de ciudadanos convocados por el Estado,
incluidos liberales y conservadores afectos al régimen, acudían a las
urnas para elegir los 70 miembros de la Asamblea Nacional Constituyente
destinada a cambiar la Carta de 1886, más de 7000 hombres del Ejército,
tomaban a sangre y fuego el emblemático paraje de Casa Verde.
Un asalto semejante no se veía desde el 24 de mayo de 1964 cuando
16.000 soldados y tras una operación de cerco, se tomó la región de
Marquetalia iniciándose la actual etapa de guerra contrainsurgente que
lleva ya 51 años.
Por lo menos cuarenta y seis naves de guerra, entre ellas bombarderos
K-Fir, Mirage, aviones AT-37, AC-47, cargados con bombas de 250 libras,
helicópteros artillados UH-60 y UH-1H, Bell 212, Hughes y Bell abrirían
el camino de la toma. La llamada Operación Colombia, aprobada por el presidente César
Gaviria, iba destinada a liquidar toda la dirigencia guerrillera
asentada en una vasta zona de la cordillera oriental que bordea el río
Duda a través de cinco objetivos de guerra bautizados como Centauro,
Bravo, Espuela, Furia y Águila.
En ese sitio, colindante con los municipios del Meta La Uribe y
Mesetas, se asentaban varios campamentos guerrilleros con más de dos mil
de hombres en armas conocidos como El Hueco, La Caucha, y el Rincón de
los abuelos, entre otros.
Casa Verde solo era solo un rancho en forma de ele, contiguo a los
citados campamentos que se levantó para las conversaciones que se
iniciaron en el gobierno de Betancur tras el acuerdo de Cese al Fuego,
Tregua y Paz firmado en mayo de 1984 y de inmediato se convirtió en un
emblema nacional por la esperanza de concordia que representaba.
El golpe de mano preparado con mucha antelación, apuntaba a que
cuando se instalara la Constituyente, el 4 de febrero de 1991, el
movimiento guerrillero agrupado en las FARC, el ELN y una fracción
minoritaria del EPL (el M19, el EPL y el Quintín Lame ya se habían
reintegrado a la vida civil tras acuerdos con el gobierno de Barco),
debía estar derrotado o tan maltrecho que no representara ningún
obstáculo a un proceso que debía convertirse en un nuevo tratado de paz,
pero sin ellos.
Las pretensiones fallidas de Gaviria La operación no fue un paseo por el bosque. “Hemos encontrado una
resistencia feroz”, dijo un oficial a El Tiempo que precisó además que
en los primeros intercambios de disparos hubo decenas de bajas de ambas
partes. Por lo menos perecieron más de cuarenta militares entre
oficiales y soldados y número similar de guerrilleros. Un helicóptero
fue derribado y cuatro resultaron seriamente averiados.
Sin embargo, mucho antes de ser presidente, Gaviria se había
propuesto acabar con la comandancia de las FARC bajo cualquier pretexto.
Tras el atentado a la vida del ministro de Defensa, general Guerrero
Paz, el 22 de noviembre de 1988 y del que salió ileso no así sus tres
escoltas que perecieron por la carga explosiva, Gaviria, ministro de
Gobierno de Barco, propuso que de inmediato se bombardeara al
Secretariado de las FARC sin tener en cuenta que no eran responsables
del ataque sino una disidencia de esa guerrilla conocida como “Ricardo
Franco”.
El bombardeo tenía el objetivo de impedir cualquier posibilidad de
que las FARC, el ELN y parte del EPL participaran en la Constituyente
pues cómo se explica que faltando un mes para su apertura se llevara a
cabo una operación de esa magnitud y en contravía de los reiterados
llamamientos de la insurgencia de querer participar en dicha Asamblea.
Rafael Pardo y Humberto De la Calle entran en escena y la respuesta de las FARC Rafael Pardo, Consejero Nacional de Seguridad de Gaviria y hoy
flamante ministro Consejero para el posconflicto, los derechos humanos y
la seguridad, era de la idea de no permitir la presencia guerrillera en
aquella zona sin que nada le pasara mientras se continuaba operando.
“Qué tal que las FARC hubieran seguido con una zona de 3000 o 4000
kilómetros como santuario donde no pudiera entrar la fuerza pública ni
el gobierno, eso no tenía ninguna presentación”, dijo a un medio al
cumplirse 20 años justificando aquel ataque que fue un fracaso
estruendoso.
Las FARC respondieron el mismo 9 de diciembre con una ofensiva sin
precedentes que dejó decenas de soldados y policías muertos y daños
inmensos en la infraestructura económica, en especial en la redes
eléctricas hasta el punto que el ministro de Gobierno, Humberto De la
Calle, hoy jefe negociador en las conversaciones de La Habana, rogó,
embargado por la angustia, un cese inmediato de la ofensiva y llamar a
reanudar las conversaciones en una improvisada rueda de prensa en la
propia puerta del Palacio de Nariño.
Pardo sería nombrado más tarde como ministro de Defensa de Gaviria y
desde allí dirigió todas las operaciones ofensivas contra las FARC. Una
vez posesionado en septiembre de 1991, fue célebre el plazo que se puso
él mismo para acabar con esa guerrilla: 18 meses exactos. Han
transcurrido ya 24 años de aquel lapso perentorio y el grupo alzado en
armas no ha sido derrotado militarmente.
Una esperanza truncada Pero volvamos a la Constituyente que hoy también aparece en el centro
del debate en un patinaje de la historia con lecciones poco aprendidas.
¿Qué habría sucedido si en la Asamblea Nacional Constituyente hubiera
asistido la plana mayor de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar
CGSB y no sólo los comandantes desmovilizados de la Alianza Democrática
M-19, el Ejército Popular de Liberación EPL, el Partido Revolucionario
de los Trabajadores PRT y el Movimiento Armado Quintín Lame MAQL? No hay
duda que el camino hacia la paz, que tenía la obligación de abrir ese
cuerpo legislativo de urgencia, tendría que haber sido otro.
Si se tienen en cuenta las cifras de los investigadores del curso de
la guerra, que promedian por año en medio millar las bajas de parte y
parte, en un extraño equilibro del terror, en estos veinte y cinco años
de la del ataque a Casa Verde y de la Constitución del 91, tendremos que
hablar de más de veinte mil combatientes caídos. Y qué decir de las
decenas de miles de víctimas civiles, entre ellas los cuatro mil
inmolados de la Unión Patriótica. La suma puede pasar fácilmente de cien
mil personas. Una verdadera catástrofe histórica.
Definitivamente el diálogo y la paz están atados a la convocatoria de
una Constituyente de carácter soberano, democrática y popular, señaló
en julio de 1990 la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, en respuesta
al gobierno a través del Consejero de Seguridad, Rafael Pardo, quien
les había enviado una carta donde conminaba a la insurgencia a ubicarse
en sitios previamente acordados para iniciar el diálogo mientras se
ponía en duda la buena fe de los guerrilleros.
Jacobo Arenas, el segundo al mando de las FARC, en Caracol Radio
esgrime en junio de 1990 una contrapuesta: “En esencia, el planteamiento
de la CGSB es el de que el único camino para encontrar la paz es crear
un medio ambiente favorable a través de la convocatoria a una
Constituyente que se ocupe de la redacción de una nueva Carta que
refleje la realidad actual del país”. Arenas moriría en agosto de ese
año.
La lógica de los alzados en armas era que en medio del genocidio de
la Unión Patriótica sería inconcebible que se aceptaran las propuestas
de Pardo. También aducían que no había tiempo suficiente para
desmovilizarse, como lo exigía el presidente Gaviria, y participar en
las elecciones. Todo el tema, entonces, se reducía a los cupos, pero
previa renuncia a la lucha armada y el compromiso de una desmovilización
de las tropas.
Francisco Caraballo, jefe de la fracción minoritaria del EPL decía
desde Casa Verde, un par de meses antes del ataque: “Rechazamos que el
requisito para la participación de la insurgencia en la Asamblea
Constituyente sea la desmovilización del movimiento armado…, no somos
partidarios que este gire un cheque en blanco, es decir, se desmovilice o
entre en una tregua prolongada sin que realmente haya algo concreto que
justifique ese procedimiento. Desde luego, somos partidarios de la
participación del movimiento armado en la Constituyente, pero no de la
entrega de las armas como paso previo”.
El ultimátum de Gaviria llega a la CGSB El punto crucial de este esfuerzo lo representó, un mes antes de las
elecciones a la Asamblea, el apoyo para que una comisión especial de la
UP –todos integrantes de las filas comunistas– llegara el 8 de noviembre
en un helicóptero oficial a Casa Verde, para transmitir las propuestas
del gobierno que facilitaran la presencia de la CGSB y a la vez conocer
la última palabra de los guerrilleros.
Carlos Romero, presidente la Unión Patriótica, Álvaro Vásquez,
secretario general del Partido Comunista, Hernán Motta Motta, senador de
la UP y María Osorio, dirigente nacional de esta organización, llegaron
aquel día muy temprano, pero sólo pudieron regresar a Bogotá la mañana
siguiente después de una borrascosa sesión con el Secretariado de las
FARC que contó con la presencia del jefe del EPL, Francisco Caraballo.
Los dos fundadores de las FARC, Manuel Marulanda y Jacobo Arenas.
“La comisión traía prácticamente un ultimátum del gobierno a la
Coordinadora Guerrillera para participar en la Asamblea Constituyente,
con el agravante, como si fuera poco, de obtener una respuesta inmediata
de todas las agrupaciones y frentes, lo que era totalmente imposible en
una jornada”, recuerda veinte años después Francisco Caraballo,
entrevistado por este periodista.
Añadió que la propuesta del gobierno se reducía a aceptar los
diálogos sobre la base de la liberación de los civiles y militares
retenidos, un cese unilateral del fuego por parte de la guerrilla,
mientras condicionaba la presencia de la insurgencia en la Constituyente
a través compromisos serios de desmovilización. En pocas palabras, se
nos conminaba a rendirnos”.
Recuerda que la CGSB había demostrado tanto interés en acceder a la
Constituyente que esbozó una lista de veinte delegatarios, con voz y
voto: once de las FARC, ocho del ELN y cuatro del EPL “pero nunca
recibimos una respuesta, mientras que en algunas altas esferas nuestra
propuesta fue considera como escandalosa”.
Para el ex dirigente guerrillero, quien salió de la cárcel en 2008,
tras pagar una pena de dieciséis años, la actitud del gobierno se
explica en “la repetición del mismo libreto que tiene la oligarquía
desde hace más de medio siglo de cara a la solución del conflicto armado
y social interno que vive el país: desmovilización, entrega de armas y
reinserción, sin cambio alguno en la vida política y social del país”.
“Nosotros sabíamos que íbamos a ser minoría en la Asamblea, pero
nuestra participación sería un hito político sin precedentes; y subrayo,
esa presencia nuestra implicaba de hecho una tregua inmediata de las
acciones. Eso no lo quisieron ver en su momento. Hubiéramos sido un
factor dinámico en las deliberaciones y seguramente contribuido con
nuestras luces en la formulación de un nuevo país”, enfatizó.
Una delegación llega a Casa Verde en una oportunidad anterior. Un regreso lleno de provocaciones El regreso de la Comisión no fue menos accidentado que las tensas
conversaciones en Casa Verde: se hizo en medio de bombardeos contra la
guerrilla en la región de La Uribe, que pusieron en grave peligro la
vida de sus integrantes, y aciago preámbulo de lo que vendría el 9 de
diciembre.
Los operativos militares contra La Uribe fueron reconocidos por el
propio presidente Gaviria, iniciados dos días antes de la visita de la
comisión de la Unión Patriótica, lo que hizo que varios analistas se
formularan la pregunta: ¿qué sentido tenía enviar una misión, que
contaba con la confianza de la guerrilla, para observar su voluntad de
diálogo en medio de un operativo militar en marcha? Esos no son gestos
de paz, concluyeron y más bien parece un objetivo calculado de
propaganda al diálogo para ambientar una ofensiva militar. Lo que quedó claro al final es que se trataba de bloquear la
presencia de la CGSB en la Constituyente. Como lo demostraron los hechos
que siguieron, y los que se dieron ya en pleno desarrollo de las
deliberaciones que el país seguía día a día.
El domingo 9 de diciembre de 1990, mientras las bombas arrasaban con
el símbolo que representaba Casa Verde, Gaviria declara ante el país que
quedaba “abierto el camino para que la Constituyente sea el gran
tratado de paz que reclamara la Corte Suprema de Justicia, en donde sea
posible el pluralismo y la tolerancia por las ideas ajenas”.
Sorpresas te da la vida El 16 de diciembre de 1990, una semana después del asalto a Casa
Verde, Manuel Marulanda, en declaraciones a RCN, señala que “… nunca
hemos cerrado el diálogo”. El 10 febrero de 1991, tras una violenta
contraofensiva de las guerrillas, Gaviria propone en la Constituyente,
“… un diálogo directo y expedito” con la insurgencia y un lugar para
reunirse con las FARC y el ELN después de haber señalado a los medios
que “la ofensiva guerrillera los tomó por sorpresa”.
Sólo hasta el 4 junio, cuando restaba un mes exacto para que
concluyera el trabajo de la Asamblea, pudieron verse cara a cara la
Administración Gaviria y la CGSB en la mesa de Caracas, instalada por el
propio ministro de Gobierno, Humberto de la Calle.
Manuel Marulanda y Alfonso Cano en Casa Verde.
Navarro Wolff, en una entrevista con la revista Semana, en julio de
2011, repasó la situación en forma autocrítica, respondiendo a la
pregunta si no nos habríamos ahorrado muchos muertos si la guerrilla
hubiera entrado en la Constituyente: “Yo creo que no estuvimos muy lejos
de que eso sucediera. Pero eso no se logró por varias razones. Jacobo
Arenas murió antes del proceso constituyente, el genocidio de la Unión
Patriótica influyó negativamente, además, el día que hicimos las
elecciones para elegir a los miembros de la Constituyente, el Ejército
entró al campamento de La Uribe de las FARC. A veces creo que si la
Constituyente se hubiera demorado seis meses más, probablemente habría
podido negociarse un esquema para que entraran las FARC y nos hubiéramos
salvado de veinte años de barbaridades”.
La Asamblea Nacional Constituyente, entonces, fue una especie de
simulacro de paz. Un pacto de paz, sí, entre un sector armado, el
minoritario, y “el régimen” como diría Álvaro Gómez Hurtado, pero dejó
trunco el proceso definitivo hacia la concordia nacional.
Pero hay que señalar también, en aras de la justicia histórica, que
de no haberse firmado ese pacto parcial de paz por parte del M-19, que
había renunciado al camino de las armas y optado por la vía del debate
democrático, y propiciado los acuerdos antes de esperar un arreglo
definitivo con la CGSB, jamás se hubiera ensayado la paz, y que trajo,
de todas maneras, una nueva realidad política para el país otorgándole
una Constitución bien diferente a la obsoleta de 1886 y donde prima el
reconocimiento a los Derechos Humanos.
El M-19 hizo acelerar la historia sólo un tramo. El trecho restante
sigue dependiendo de un acuerdo final de paz, que seguramente demandará
un nuevo tratado hacia otra Carta fundamental, esa sí, hacia una paz
duradera.
Jacobo Arenas, en la entrada a Casa Verde en marzo de 1988.
[Audio] Entrevista exclusiva a JACOBO ARENAS, co fundador de las FARC
Por Dick Emanuelsson
Montañas de Colombia / Marzo de 1988 / En esta entrevista de casi 1 hora y
20 minutos, el llamado “Ideólogo de las FARC”, habla con el reportero sueco y co
fundador de ANNCOL, sobre las estructuras guerrilleras, las maniobras de la
oligarquía militarista y sus generales en medio de las negociaciones del “Acuerdo
de Cese al Fuego”. La canción y homenaje al legendario comandante guerrillero: https://app.box.com/s/sh2xp13e3nai97nkg74h342sqixtc7qh
El ex
sindicalista petrolero, que un día en 1964 fue enviado a Marquetalia por el
comité central del Partido Comunista Colombiano ante la ejecución del “Plan
Laso”, hablaba ya en el 1988 sobre “la cobardía de la oligarquía ante la
propuesta de legalizar la droga en Colombia.
El 9 de agosto del 1990 falleció el comandante inolvidable de las FARC en un infarto.
El 9 de diciembre el mismo año y el mismo día cuando los colombianos fueron a las urnas para elegir a sus diputados en la elección a la Constituyente, fue atacada la base central de las FARC, solo 20 minutos de Bogota en Helicóptero.
El presidente neoliberal César Gaviría creía que las FARC, entonces con unos 29-30 frentes de guerra, no podrían resistir la embestía militarista. Pero se equivocó. Durante los próximos diez años, la insurgencia fariana se duplicó a unos 60-70 frentes cubriendo todo el territorio nacional. Las palabras en 1988 tienen mucha vigencia hoy cuando las dos delegaciones se reunen en La Habana para buscar lo que Jacobo Arenas daba su vida, la paz con justicia social.
John-Jairo, marzo 1988 en el campamento central de las FARC-EP. FOTO: DICK EMANUELSSON.
John-Jairo, 13 años y guerrillero de las FARC, un caso como
tantos otros en Colombia, Nicaragua o El Salvador
Por Dick Emanuelsson
1988 entrevisté en el campamento central de las FARC-EP el
niño guerrillero John-Jairo. Ese año solo tenía 13 años. A sus 25 años,
entonces jefe de una escuadra de las
FARC dio su vida en un combate con el Ejército Nacional.
“Timochenko” (Rodrigo
Londoño) ya llevaba 14 años como miembro pleno del Secretariado de las FARC y
desde el 2011 llegó a ser comandante en jefe de las FARC-EP después del
asesinato por parte del ejército nacional (¿o traición?) de Alfonso Cano.
Ahora Londoño dice que
llegó a odiar a esa guerrilla en donde peleó casi medio siglo en la montaña,
declaraciones que han causado consternaciones en las filas de los ex
combatientes y en amplios sectores del movimiento popular colombiano. No
entienden cómo era posible no descubrir “los delitos” que Londoño dice cometió
la guerrilla de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Ésta es la historia del niño
guerrillero John-Jairo, niños guerrilleros de Nicaragua y El Salvador.
LA GUERRILLA de las
FARC-EP fue criticada
duramente durante el conflicto social y armado y también en estos momentos
(octubre 2020), cuando reedito esta breve entrevista que le hice al joven
guerrillero `John-Jairo´ en marzo
de 1988. El motivo es ilustrar que existen múltiples factores. Porque jóvenes,
incluso menores bajo el “umbral” de 15 años, según el Derecho Internacional
Humanitario, se incorporaron a las guerrillas colombianas.
Lo inexplicable es que ahora el máximo ex comandante
de las FARC-EP, Rodrigo Londoño, dice que ahora ha llegado a odiar lo que él no
sabía de esa época; que las guerrilleras fueron obligadas de abortar, todo
según el reglamento interno para que el niño no fuera un objetivo militar
también.
Si nosotros, los reporteros hasta internacionales
sabíamos, porque nosotros enfrentamos a los comandantes durante entrevistas en
la selva con las preguntas: “¿Qué dice el reglamento de las Farc sobre
reclutamiento de nuevos guerrilleros y por qué en la guerrilla se obliga a las
guerrilleras de abortar”, como es posible que el máximo comandante de la
guerrilla desconoce gran parte del tema?
Porque las respuestas de nuestras preguntas fueron
siempre las mismas;
“Estamos en guerra, y en la guerra no podemos ser tan irresponsables de
tener bebés cuando caen las bombas o cuando te toca a correr en las trochas,
suficiente con la mochila de 30 kilos más un fusil de 6-8 kilos y la
intendencia y radio del campamento que hay que remolcar. Muchas guerrilleras
han tenido que entregar sus bebés a la abuela o familiares. (…) Para poder
entrar a las FARC hay que haber cumplido 15 años”.
Entrevista y reportaje publicado en la prensa sueca en mayo de 1988; “NACÍ EN
LA GUERRILLA”.
Pastor Alape y la
embarazada
En enero de 2001 salí de las montañas de El Filo de
Rentería, en el Sur de Bolívar. Había pasado la noche en el lugar donde había
acampado el comandante Pastor Alape (Félix Antonio Muñoz Lascarro), jefe del
Bloque Magdalena Medio de las FARC y sus cinturones de seguridad, más el Frente
24. Entrevisté tanto a Alape, que unos años anteriores había reemplazado a
Rodrigo Londoño como comandante del Bloque, como al comandante Gallardo del
ELN.
Las dos guerrillas se habían enfrentado a los paramilitares
en Rentería y habían cooptado cinco fortificaciones de las AUC. Los
paramilitares habían perdido once combatientes y una gran cantidad de
paramilitares heridos huyeron por la ciénaga hacia los puestos del ejército y
la policía en el municipio de Yondó.
“Los combates se
hicieron en las mismas trincheras, hombre contra hombre”, me contó el
comandante Manuel, jefe del Frente 24 cuando caminábamos en las fortificaciones
y sus trincheras. En una cuesta había un paramilitar muerto, ya hinchado por el
calor y ya en descomposición, imposible de enterrar como sus hermanos de armas
que fueron enterrados en las mismas trincheras.
Más tarde Alape me
mostró las cédulas de los paramilitares. La mayoría habían sido expedidas por
el Ejército Nacional o el Ministerio de Defensa. Los muertos eran en su mayoría
también integrantes de la contraguerrilla, según los carnés de identidad. El
reportaje fue publicado la siguiente semana en el semanario del Partido
Comunista Colombiano, Voz.
En el regreso hacia los municipios de Yondó y
Barrancabermeja me llevó, aparte el guía guerrillero, también una joven
muchacha guerrillera de unos 20 años, oriunda del departamento de Sucre. Y le
pregunté cuál era su misión por su salida y me dijo así de directo: “Es que
tengo cita con el médico del movimiento, porque estoy embarazada y en las FARC
no es posible”.
Me imagino que Pastor Alape fue quien le ordenó
abortar, siguiendo así de sencillo el reglamento de la guerrilla.
Pastor Alape y el comandante Gallardo del ELN. FOTO: DICK EMANUELSSON.
Las trincheras paramilitares que fueron tomadas por los guerrilleros en enero 2001. FOTO: DICK EMANUELSSON
El caso del niño Andrés
En las cárceles colombianas había a finales de la
década de 90 ́ unos 600 guerrilleros presos. En la selva las FARC tenían
también una considerable cantidad de militares, soldados y oficiales retenidos.
En el proceso de paz en San Vicente de Caguán en el departamento de Caquetá
[1999-febrero 2002], las FARC propusieron un canje de prisioneros.
Uno de ellos era José Norberto Pérez Ruiz,
un oficial de la policía militarizada que fue capturado en un enfrentamiento
con las FARC en el departamento de Risaralda, el 7 de marzo del año 2000. Estos
policías son los primeros en enfrentar los ataques guerrilleros a los cuarteles
policiales en los pequeños municipios en el campo. La Policía Nacional de
Colombia es integrante del Ministerio de Defensa y no, como en el mundo entero,
al Ministerio del Interior. Es un ramo de las FFAA.
EL PRESIDENTE ANDRÉS PASTRANA, que había llegado a la
presidencia con la promesa de instaurar la paz, coordinaba paralelamente bajo
la mesa con Pentágono el inicio del Plan Colombia. La guerrilla de las FARC
tenía en esos años unos 450 oficiales, militares y policías, prisioneros de
guerra que habían sido capturados en combates.
El caso de José Norberto Pérez
Ruiz fue muy trágico ya que su hijo, de 10 años, tenía cáncer, un hecho que fue
explotado en forma descarada por los medios de comunicación oficialistas, el
establecimiento y el candidato a la presidencia, Álvaro Uribe Vélez. La
guerrilla propuso un “canje”, intercambio de prisioneros, petición repetida
decenas de veces, pero sin resultado. Pastrana solo hizo un intercambio de 12
presos guerrilleros enfermos y recibió 51 prisioneros soldados enfermos.
En dos entregas a final del
mes de junio 2001 las FARC entregaron 341 militares y policías rasos y se
quedaron solo con los oficiales, entre ellos el padre de Andrés, el niño
enfermo, oficial de la policía. Fueron duramente criticadas por no liberar a
todos, pero sobre todo el padre de Andrés, José Norberto Pérez Ruiz. Nadie de
los poderosos se dirigió hacía el gobierno de Pastrana con iguales exigencias.
La vergüenza de Londoño
por el “secuestro”
Los integrantes del ex
Secretariado de las Farc se refieren a ese tema cuando pidieron perdón a la
familia de Andrés, pero la crítica suena extraña porque lo que hizo la
guerrilla de Manuel y Jacobo el año 2000 ahora es caracterizado por estos ocho
integrantes del Secretariado como “secuestro”, y no de captura y retención de
uniformados del estado en combate.
“Sentimos como una daga en el corazón la vergüenza
que nos produce no haber escuchado el clamor de Andrés Felipe Pérez, quien
murió esperando reencontrarse con su padre. No podemos devolverles el tiempo
arrebatado para evitar el dolor y las humillaciones que les causamos a todos
los secuestrados”, sostienen mientras se encuentran unos 500 guerrilleros
de las FARC todavía en las cárceles colombianas cuatro años después de la firma
del Acuerdo de Paz.
Pero ¿tan padre, aparte
de ser padre biológico, era José Norberto Pérez Ruiz?
“Andrés Felipe Pérez fue siempre un niño
sin padre”
El niño Andrés Felipe
fue abandonado cuando solo tenía seis meses, una suerte demasiado frecuente en
Latinoamérica. El columnista y periodista de El Espectador Fernando
Garavito literalmente mutiló el domingo 2 de diciembre 2001 en la
página 21 A, los medios de
comunicación, pero sobre todo el diario El Tiempo, acusándolo por hipocresía y
manipulación de la opinión pública:
“Todo el país pasa por encima de la
manipulación de que ha sido objeto el niño (Andrés Felipe Pérez), abandonado
desde su nacimiento a pesar, o, tal vez, a causa del cáncer que se le presentó
a los seis meses. Andrés Felipe Pérez fue siempre un niño
sin padre”.
Los oligarcas colombianos jamás se han preocupado por
la suerte de los 300 niños colombianos que diariamente morían a principio de
los años 2000 como un resultado del modelo económico y social. O los 12-20 que
fueron asesinados diariamente, principalmente por los escuadrones de la muerte
en su “limpieza social”. Solo en Ciudad Bolívar (en el sur de Bogotá) 1995-96
fueron asesinados 500 jóvenes.
El niño Andrés vivía en la ciudad de Buga y a
principio del mes de octubre de 2001 fueron asesinados 31 labriegos y
campesinos por los paramilitares. El Defensor del Pueblo criticaba la Tercera
Brigada del Ejército en Cali por no haber detenido a los asesinos
paramilitares, pero ¿cómo, si Human Rights Watch en su reporte ese año acusaba
a los integrantes de la misma brigada por trabajar medio tiempo para el
Ejército y medio tiempo para las AUC? ¿Quién se preocupó por los centenares de
niños que fueron huérfanos por la masacre de los 31 campesinos?
El periodista y columnista de El Espectador, Fernando Gavarito. El colega se vio obligado de irse al exilio después las amenazas de muerte por desenmascarar a Álvaro Uribe como paramilitar.
Los menores y la
guerrilla
Hay que entender la
realidad de esa época, y por qué no, la situación actual.
Los niños guerrilleros
siempre han existido. El periodista Alberto Acevedo del semanario Voz escribía
el 12 de agosto, año en curso escribía sobre la campaña feroz en contra del
proceso de paz y cómo los enemigos del Acuerdo de Paz intentan de eliminar lo
que queda del Acuerdo a través de “machacar” eternamente el tema del
“reclutamiento forzoso de niños a la guerrilla”.
Recuerda el colega
sobre los niños incas, “entrenados desde los cinco años de edad” para combatir
al invasor colonial. Estos infiltraron las filas del ejército español, igualito
como hicieron los niños nicaragüenses y salvadoreños que operaban como
“correos” importantísimos entre los barrios para informar o llevar mensajes a
la milicia urbana del Frente Sandinista o los guerrilleros del FMLN.
LUIS ALFONSO VELAZQUEZ FLORES fue un niño mártir de la misma edad como Andrés Felipe,
tenía diez años. El niño promovía la lucha contra la dictadura de Anastasio
Somoza Debayle desde cada lugar donde él se encontraba. Era llamado “El
grillo” pues sirvió de correo para la guerrilla sandinista, quien hacía llamado
de atención a los jóvenes para que se unieran a la lucha. El 21 de febrero de
1979 dio su último discurso, frente a una gran multitud de persona y su mensaje
fue transmitido por todas las radios del país y llegando a cada rincón de
Nicaragua: “y ahora les pido con la convicción revolucionaria que todos los
niños se organicen para el nombramiento de nuestra patria”, indicó en su
momento.
Pero lamentablemente,
un 27 de abril, cuando la Guardia Nacional de Somoza emboscó a Luis Alfonso y
le dispararon en la cabeza, seguidamente, cuando él cayó al suelo, le pasaron
encima de su cuerpo con el vehículo en el que se movilizaban, en un intento de
simular un accidente. Aún con signos vitales, fue trasladado al Hospital
Oriental de Managua, tenía un orificio en la cabeza, además sus brazos y
costillas estaban rotas. Vestía un pantaloncito azul y zapatos color
blanco. Cinco días después de luchar por su vida, falleció. Fue el
2 de mayo de 1979. Murió a tan solo dos meses de cumplir 10 años de edad y solo
dos meses y 17 días antes de que triunfara la Revolución Sandinista que terminó
con la dictadura somocista.
En Nicaragua en cada
parque, centro de entretenimiento y de esparcimiento se puede ver el objetivo
que Luis Alfonso Velásquez quería en su momento, que cada niño pudiera gozar
sus derechos como niño, de tener una infancia feliz y de paz en medio de duras
condiciones de vida.
El joven sandinista Luis Alfonso Velázquez dio su vida para el pueblo y
los niños en Nicaragua mientras por su lado
derecho, niños guerrilleros salvadoreños también participaron activamente en la
guerra de liberación de su pueblo
El caso del niño
guerrillero de John-Jairo
Mi impresión de cubrir
el conflicto armado desde el 1988 es que cada menor que se encontraba en las
filas guerrilleras de las FARC tenía un pasado diferente y variado pero
comprensible por su integración.
El anterior y el actual
régimen político colombiano negaron y niegan a los millones niños una niñez
feliz con plenos derechos, sobre todo en un país que se encuentra en una
profunda crisis, asesinando y masacrando al pueblo colombiano.
En 1983 John-Jairo solo
tenía 8 años cuando fue recibido en el campamento de las FARC por los
comandantes Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Fue la abuela de `John-Jairo´, ex
guerrillera que ya no aguantaba físicamente de estar encargada del niño. El
padre de `John-Jairo´ era guerrillero y había muerto en un combate mientras la
mamá peleaba en el 26º Frente de las FARC-EP en el departamento del Meta. Para
la abuela la mejor salida era entregarlo donde se encontraría más seguro, en el
campamento guerrillero Casa Verde.
“Tengo muy buena
puntería”, habría dicho el `pelado´ al comandante `Tirofijo´, Manuel Marulanda,
para convencerle de recibirlo cuando llegó con la abuela a la entrada del
campamento.
Y así fue. Quedó como
guerrillero porque prácticamente había nacido como guerrillero. Además, en el
movimiento insurgente no todo es militar, quizás una minoría de las tareas son
militares. Y ahí quedó `John-Jairo´ con el honor de haber sido el
guardaespaldas del comandante Jacobo Arenas, el co fundador de las FARC-EP
junto con Manuel Marulanda.
Los `Gamines´, niños de
la calle
Los políticos
neoliberales ejecutan contrarreformas sociales que dejan millones de jóvenes
colombianos en la miseria, prostitución, que se integran en el ejército de
`gamines´ (niños de la calle) que ambulan en las ciudades. Una de las más duras
imágenes que jamás saldrán de mi mente o de mi retina fue el “bulto” de unos 20
gamines durmiendo juntos para calentarse entre ellos mismos en la
Avenida Avianca esa mañana fría 1980 en 2500 metros encima el mar
cuando iba al aeropuerto Eldorado en Bogotá después de mi primera gira
periodística en Colombia.
El estado colombiano y
sus voceros en el gobierno de Iván Duque quieren hacer trizas de lo que queda
del Acuerdo de Paz y hacen montajes y manipulan salvajemente casos como
`John-Jairo´ sin entender los trasfondos.
He escuchado terribles
casos en donde familias enteras han sido aniquiladas físicamente por el
Terrorismo de Estado o su brazo paramilitar. Y es una responsabilidad de los
periodistas colocar el tema en su verdadero contexto.
John-Jairo en su puesto de trinchera en Casa Verde. FOTO: DICK EMANUELSSON.
John-Jairo cayó combatiendo
Durante el bombardeo de
Casa Verde el 9 de diciembre de 1990 y los siguientes combates durante tres
meses, ahí estuvo John-Jairo peleando como los demás guerrilleros. El
presidente liberal César Gaviria y su camarilla de generales no le dieron
a John-Jairo más
alternativas.
Pasaron unos años,
John-Jairo creció y en las conversaciones de paz en la Habana le pregunté a la
comandante guerrillera Olga Marín, que había conocido durante el conflicto
sobre ¿qué había pasado con ese muchachito que era tan orgulloso por haber sido
el “Guardaespalda personal del comandante Jacobo Arenas”?, ese año de 1988
cuando reinaba el “Acuerdo de Cese al Fuego de La Uribe”, acuerdo firmado entre
el presidente Belisario Betancourt y el Secretariado de las FARC-EP.
“Pues, John-Jairo tuvo su propia escuadra guerrillera, pero murió a los 25
años en un combate con el Ejército Nacional”, decía Olga.
Me dolió la suerte
de John-Jairo. Pero sé,
que él, a pesar de sus pocos años, estaba convencido que lo que quería.
O como decía su mentor
político, Jacobo Arenas, que las Farc nacieron como una autodefensa, una
respuesta al terror estatal. Porque no fueron los 52 campesinos en Marquetalia
que atacaron con sus escopetas a los 16.000 infanteristas y aviones de
bombardeo en esos días de mayo de 1964, fue el Ejército Nacional, ordenado a
través “el Plan Lazo”, cuyos arquitectos era el Pentágono.
Manuel Marulanda, Jacobo Arenas y John-Jairo en su puesto en las afueras de la oficina del comandante Arenas. FOTOS: DICK EMANUELSSON.
Decía el jefe del
Ejército Nacional, Mario Montoya a sus soldados, según el capitán Henry William
Torres Escalante, citado por la JEP, Justicia Especial de Paz, el 1º de octubre
2020:
“Yo quiero bañarme en una piscina
llena de sangre ¡Sangre! Guerrillera, guerrillero: mataré, y su sangre beberé;
roja, espesa, sabrosa; guerrillero: mataré, y su sangre beberé…”
Fue ese ejército al que la guerrilla de John-Jairo se
enfrentó.
Él será recordado por todos los ex o guerrilleros
activos. Porque dio su vida para una Nueva Colombia Digna donde los niños de
esa hermosa república tendrán los derechos que les merecen, no la Colombia de
las mentiras y engaños.
¡Paz en tu tumba, muchachito heroico!
ABRIL 1988, 20 meses antes del bombardeo a
Casa Verde por parte del gobierno liberal César Gaviria. Creía que la toma
militar sería una tarea fácil, pero resultaron ser tres meses de duros combates
en donde el Ejército Nacional perdió centenares de efectivos como aviones y
helicópteros de guerra. Y ahí estaba John-Jairo peleando como un “Gran Hombre”.FOTO: DICK EMANUELSSON.
“,
No, yo no he sido incorporado. Yo nací en el movimiento”.
¿Tú
naciste aquí en esta zona?
“No,
yo nací por el lado de Vichada”.
¿Estudiaste
en la escuela allá?
“No,
lo poco estudio que tengo, me han dado aquí”.
¿Aquí
recibes la educación?
“Si”.
(Interviene
el viejo colega Álvaro Angarita del semanario Voz, QEPD, con
el cual fue durante tres días en caballo a Casa verde y agrega que John-Jairo
sabe leer y escribir).
¿Cuándo
llegaste a Casa Verde?
“Estoy
desde 83´ aquí en este sitio”.
¿Y los
compañeros te dan enseñanza todos los días?
“Pues de estudio no, porque casi no tengo la posibilidad de estudios”.
¿Dicen que tu abuela también estaba en las
FARC, o está?
“Está”.
¿Pero
ya no vive más con ella?
“No,
ella todavía está viva pero no era condiciones para ella estar en el
movimiento, las condiciones físicas no prestan”
¿Y tú
papi y mami?
“Mi
papi ya está muerto”.
¿También
estaba en la guerrilla?
“Si”.
¿Y tú
mami?
“Mi
mami sí está todavía en la guerrilla”.
¿Pero
en esta región, no?
“No,
está en un Frente, en el Meta (departamento), pero está más abajo”.
¿En
qué frente?
“En el
26”.
¿No la
echa de menos?
“Pues
siempre. Pero no. . . no es mucho porque siempre hemos estado viviendo aparte,
separados. Ya estaba acostumbrado”.
¿Tú
criaste más con tu abuela?
“Yo sí
me creí más con mi abuela”.
¿Y
cómo te sientes aquí con los compañeros?
“Me
siento bien”.
¿Qué
tipo de tareas tienes aquí?
“Como
en especial no hay ninguna”.
¿Cómo
las de los demás camaradas?
“Para
labores cotidianas como hacer aseo, hacer guardia. . .”.
¿Cuál
fue el motivo porque te incorporaste?
“Yo no
me incorporé, como le explicaba, nací en las Farc”.
Casa Verde abril 1988. Los guerrilleros en formación durante la 2a Cumbre de la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar. FOTO: DICK EMANUELSSON.
¿Qué piensas sobre el futuro de Colombia?
¿Hay que seguir luchando?
“Hay
que seguir luchando”.
¿Por
eso existe la guerrilla?
“Por
eso sí”.
¿Cuándo la guerra
termina, qué profesión, que quiere hacer en el futuro?
“Pues, no le puedo decir, que no sabemos cuándo
estaremos en esa etapa. . .”
¿No sabes que quieres hacer?
“No pues, nos queda aquí después. . . y muchos
trabajos. . . con mi aprendizaje. .”
¿Qué tipo de aparatos?
“Como puede ser armamento de diferentes
manejos. . . como aparatos que queremos aquí”.
¿Podrías
ser un comandante en un próximo ejército popular?
“¡Claro!”
¿Aquí
no hay niños de tu edad?
“Si,
hay dos. Pero uno se fue y el otro se encuentra por ahí”.
¿En misión?
“Si,
en misión”.
¿Qué
edad tienen ellos?
“Eso
yo no sé, creo que tienen 15 años”.
¿Por
qué se fue el otro?
“Él se
fue a luchar en otro frente, como hay en todo el país”.
¿Él
tenía 15 también?
“No lo
sabía decir yo. Pero había cumplido los 14 años lo escuché yo antes de ir”.
¿Y lo
trasladaron a un otro frente?
“Sí, a
otro frente”.
¿También
lo quisieras tú?
“Pues aquí uno aprende mucho. Porque uno está al lado de los máximos
[comandantes] del movimiento y pues pueden llegar más personajes a esta parte.
. . pues uno puede aprender más de ellos. Pero en frente uno puede tener más
experiencias de quizás de guerras y demás experiencias combativas”.
¿Qué opinión tienes tú sobre el comandante Jacobo
y el compañero Manuel?
“Mi
opinión es que ellos son los máximos dirigentes de nuestro partido, que nos
dirigen, son ellos los que enfrentan todos los problemas del país y los que dan
la orientación a todas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de modo de ejercer.
Tienen una mayor importancia por ser nuestros jefes máximos”.
¿Qué
tipo de problemas especiales tienen los jóvenes de tu edad aquí?
“Pues
problemas así como . . . en caso de represiones le toca a cargar más de lo
necesario, y le toca cargar más pesado por la situación de economía
(alimentación), por la situación de cómo cargar más pesado. . . Pero eso si se
da en situaciones así de crítica”.
¿Cuándo se encuentra en una misión?
“Si”.
¿La
mochila está muy pesada?
“Si, y
otros problemitas que pueden haber”.
¿No has tenido ganas
de ir a ninguna ciudad, irte al cine y ver una película, encontrarte con otros
muchachos?
“Yo sí he querido ir a mirar esto y esa cosa pero este
no me ha quedado la posibilidad”.
¿Pero aquí también hay actividades culturales?
“Sí, aquí hay culturales, aquí se ve cine también”.
“Sí, aquí hay culturales, aquí se ve cine
también”.
Y los
compañeros que son de mayor edad, ¿te tratan bien?
“Sí,
me tratan bien”.
¿No te
trata como un chico?
“Si,
pues, como un chico”.
¿“Pero
con respeto?
“Sí porque aquí a todo el mundo le tienen respeto”.
Bueno, ¿tienes una novia?
“No
tengo”.
¿Tampoco
has tenido?
“No”.
¿Tampoco
tienes los ojos a alguna?
“No”,
dice con timidez.
Ayer
el comandante Jacobo nos contó que habías tenido siete novias. ¿Es cierto?
¡“Noooo”!,
dice subrayando con fuerza.
El reportero con John-Jairo, después de la entrevista.