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jueves, 8 de agosto de 2024

9 de agosto de 1994: Recordamos la obra política de Manuel Cepeda, PCC


Manuel Cepeda en la Universidad de Antioquia, 1993.
FOTO: DICK EMANUELSSON




9 de agosto de 1994: Recordamos la obra política de Manuel Cepeda, PCC

Hace 30 años el senador del Partido Comunista Colombiano y director del semanario VOZ, Manuel Cepeda fue asesinado por emisarios del Terrorismo de Estado colombiano en un ataque en pleno centro de Bogotá cuando se dirigía al Congreso Nacional d Colombia. Pero Manuel fue mucho más que un político.


Eran los años 50´ y el papá de Manuel Cepeda Vargas reunió a la familia, en su casa de Popayán, y les dijo:

– Les tengo una noticia: Manuel es comunista.

–¿Eso es malo? -le preguntó Stella, otra de sus hijas.

– No sé si es malo, pero es peligroso”.

 

ASÍ RELATÓ LA PERIODISTA María Paulina Ortiz en agosto de 2011 del diario El Tiempo en una columna en memoria de Manuel Cepeda Vargas, 17 años después de la emboscada y asesinato de Manuel y su guardaespalda el 9 de agosto de 1994. Era sin exagerar el colombiano más amenazado. Ahora han pasado 30 años del asesinato y pocas personalidades colombianas como Manuel son reconocidas en un día como este.

 

PARA MÍ COMO REPORTERO político, Manuel se convirtió en un mentor político ya en 1983, cuando nos reunimos por primera vez en la redacción de Voz Proletaria, el órgano central del Partido Comunista Colombiano. Manuel había sido nombrado director por el Comité Central del partido ya en 1970, y fue durante su época que Voz creció y se convirtió en un semanario muy influyente para el partido con redacción y su propia imprenta en la polvorienta zona industrial de Bogotá cerca de la Carrera 30 con la 9a.

Entender el país quizás más complicado de América Latina no se hace en una tarde. Y Manuel se convirtió para mí en una fuente política educativa cuando aterricé en Colombia casi cada dos años.


En conversación con una periodista de los medios oficialistas. FOTO: D.E.



Y CLARO, SER COMUNISTA en esta Colombia con un conflicto social y armado desde el 1964, un movimiento campesino que había formado una autodefensa en el pequeño corregimiento llamado Marquetalia y que recibió el enviado especial del comité central del Partido Comunista, Jacobo Arenas, para ser un guía político unos meses antes del ataque por parte de 16,000 unidades del ejército colombiano y su aviación, Plan elaborado por parte de los asesores de Pentágono que ocupaba el segundo piso en el Ministerio de Guerra en Bogotá, ese panorama político no solo era complicado, era casi imposible para un extranjero de entender.

Y Manuel, con su capacidad analítica y pedagogía explicó el panorama colombiano como nadie. Me acuerdo que me impresionó su valentía y también muchos otros comunistas desde la base hasta la dirección. Porque la consigna del Partido Comunista Colombiano, “la combinación de todas las formas de lucha de masas”, era un reto y confrontación directamente al Poder Oligárquico militarista y asesina que no importaba de erradicar físicamente a todos sus enemigos que se atrevían ponerse en el camino.

Pero Manuel y los camaradas del Partido si se atrevían. Manuel nunca se echó para atrás y yo nunca lo vi nervioso. De lo contrario.


VIAJÓ A LA REGIÓN BANANERA de Urabá masacrada en plena Guerra Sucia, donde, en las elecciones municipales de 1992 el Partido Comunista había ganado siete de las doce alcaldías en alianza con la Unión Patriótica (UP). Pero tres alcaldes comunistas de las ciudades más importantes (Apartadó, Turbo y Chigorodó) habían sido encarcelados, basándose en testigos anónimos, y condenados a 50 años de prisión por testigos anónimos. Más tarde resultarían ser agentes de la policía política secreta del DAS, guiados por fiscales militares y jueces igualmente “anónimos” que juzgaron a los tres alcaldes comunistas en juicios literalmente de carácter farsante, simplemente porque eran comunistas. Si no se podía asesinar a los comunistas, se les podía encarcelar. . “La Fiscalía sin Rostro” en la década 90´, llamada “Regional”, fue el preludio de los “Falsos Positivos” y los procesos “Law Fare”. 

Más de mil miembros destacados del partido en la región bananera de solo 256.000 habitantes serían asesinados durante la década de 1990. Y hasta allá viajó Manuel en 1993 y realizó una campaña electoral rodeada de sangre y muerte. Pero obtuvo los votos del pueblo bananero y combativo y fue elegido senador en el congreso del país.


SU CAPACIDAD COMO AGITADOR lo vi y escuché cuando habló ante centenares de estudiantes una noche en la Universidad de Antioquia, en Medellín, mientras se escuchaban disparos afuera en los barrios populares.

O cuando habló en el funeral de José Antequera, secretario general de la Juventud Comunista (JUCO) y vicepresidente de la martirizada alianza de izquierda, la Unión Patriótica (UP), asesinado el 3 de marzo de 1989.

La UP era el fruto del proceso de paz (1984–1990) entre el gobierno conservador de Belisario Betancourt y la guerrilla de las FARC, lideradas por el legendario “Tirofijo”, Manuel Marulanda y Jacobo Arenas.

Pero el Terrorismo de Estado y sus patronos de la oligarquía colombiana no permitieron una tercera alternativa política en Colombia y comenzó la matancera que acabaría con más de cinco mil muertos de los mejores cuadros de la UP, acabando casi físicamente con la UP.

– Este pueblo ha creado una guerrilla invencible y con valentía ha enfrentado el terrorismo de Estado, se escuchaba la enorme y poderosa voz de Cepeda resonando entre las tumbas y nichos en el cementerio central de Bogotá, recibida por tormentosos aplausos de los dolientes que gritaban al unísono;

¡”NI UN MINUTO DE SILENCIO, TODA UNA VIDA DE COMBATE”!




Ahí tomé la foto de Manuel, dando su discurso y homenaje delante del ataúd de Antequera, foto que el colega sueco de Voz Proletaria, Norrskensflamman, la Llama de Aurora Boreal, diario (de lunes-sábado) fundado 1904 por los mineros suecos del partido socialdemócrata en el norte del país, convertido en órgano regional del Partido Comunista de Suecia 1921 publicó en su portada en agosto de 1994 después que había sido asesinado también Manuel con el titular:

¡“SON ASESINADOS, UNO TRAS OTRO”!, en referencia al asesinato de Manuel y la situación que enfrentaban los comunistas colombianos.

 

SI LA IZQUIERDA

y el movimiento popular colombiano amaban a Manuel, tenía enemigos igualmente acérrimos en la oligarquía colombiana. Su crónica en VOZ; “Flecha en Blanco”, trataba cada semana temas sobre generales que tenían miles de vidas colombianas en su conciencia o por ser corruptos. Cuando el Estado no investigó y los enjuició a estos asesinos del pueblo, Manuel lo hizo en su columna. 

“Sus letras en `Flecha en Blanco´ muchas veces dolían más a los generales y oligarcas asesinos que las mismas balas guerrilleras”, resumía yo en una nota sobre la muerte de Manuel y su valor político y el papel como director del semanario Voz.

Y los asesinos enviados para apagar la vida de Manuel, también resultaría tener sus tentáculos a un general de la Inteligencia Militar B2  (Batallones de Apoyo de Combate de Inteligencia Militar) en Bogotá que, con la ayuda de militares y paramilitares, extinguieron la vida de Manuel esa mañana del 9 de agosto de 1994.

 

EN EL 30º ANIVERSARIO de su muerte, quisiera dedicarle estas sencillas palabras como homenaje a mi mentor político, que me inyectó el espíritu revolucionario del “optimismo histórico”, como Marx expresó la esencia más íntima de la lucha de clases. Porque los principios nunca son negociables.

Dick Emanuelsson




Del semanario VOZ, edición 3232, 6 de agosto de 2024:

9 de agosto de 1994:

Manuel Cepeda Vargas, el periodista

Por Óscar Sotelo Ortiz @oscarsopos

Manuel Cepeda Vargas fue asesinado el 9 de agosto de 1994. Tenía 64 años. Era senador de la República por el Partido Comunista Colombiano, miembro del Consejo de redacción del semanario VOZ y uno de los principales dirigentes por la solución política al conflicto social y armado del país.

Por este magnicidio, y por el genocidio político contra el Partido Comunista y la Unión Patriótica, el Estado fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte IDH. En el largo litigio internacional, fue fundamental la lucha en contra de la impunidad emprendida por sus hijos María e Iván, sus familiares, organizaciones defensoras de los derechos humanos y camaradas.

El libro Camino minado (2011), de la periodista Maureén Maya Sierra, es la pieza periodística más completa y rigurosa sobre la batalla jurídica y política del Caso 12.531 en la Corte IDH, correspondiente al asesinato de Manuel Cepeda que, finalmente, terminó con la contundente condena.

Sindicalista

Uno de los múltiples daños que dejó el genocidio contra el Partido Comunista y la UP, fue despojar violentamente a varias generaciones de compartir diferentes momentos de la vida con importantes referentes políticos, ya sean jóvenes o con cierta veteranía, como fue Cepeda Vargas.

En esa búsqueda por la memoria y la justicia, sobre Manuel hay una notable ausencia de videos, audios o material multimedia. En contraste, queda su inagotable obra como periodista, artista y dirigente político, así como un importante material fotográfico de lo que fue su vida militante.

Para conmemorar los veinte años del magnicidio, VOZ publicó un perfil periodístico de Cepeda Vargas. Gracias a la pluma de Alberto Acevedo, alumno del mártir y actual redactor internacional del semanario comunista, cualquier persona puede encontrar los valores políticos que inspiró Manuel al frente de VOZ Proletaria; sus principales referentes como Julius Fučík, el periodista checoslovaco víctima del fascismo, o John Reed, el estadounidense que dejó plasmado en sus crónicas la historia viva de la revolución mexicana y bolchevique.

Además, Acevedo puntualiza un aspecto desconocido, pero muy importante en momentos en los que se degrada cotidianamente la práctica periodística. Se trata del trabajo al interior del gremio que ejerció Manuel, junto con la recordada dirigente política Yira Castro.

El fortalecimiento del Círculo de Periodistas de Bogotá, la Federación Colombiana de Periodistas y Trabajadores de la Prensa, Fedeprensa, del Colegio Nacional de Periodistas, entre otras iniciativas que hoy han perdido fortaleza o que no existen, es el legado de Cepeda Vargas a las organizaciones de trabajadoras y trabajadores que ejercen el trabajo de informar.

Director

Para las personas que no lo conocimos, nos queda el vasto archivo para investigar. Y no es difícil inferir que Manuel era versátil, comprometido y vertical. Un genuino periodista comunista. Reportero, cronista, caricaturista y uno de los principales editorialistas, al tiempo que agudo columnista con su espacio de opinión Flecha en el blanco.

En abril de 1970, el Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista designó a Manuel Cepeda Vargas como director de VOZ Proletaria, cargo que dejó de ocupar en diciembre de 1988. Antes de esta dignidad, ya había publicado Vencerás Marquetalia, poemario dedicado a la resistencia campesina.

En las casi tres décadas en las que estuvo al frente del semanario comunista, Manuel tuvo que sortear difíciles coyunturas del orden internacional, nacional y local. Destacamos algunos artículos.

En 1971, frente a la visita a Colombia de Salvador Allende, presidente de Chile por la Unidad Popular, Manuel escribió la crónica Colombia saludó al pueblo revolucionario de Chile, en la que narra el minuto a minuto del mandatario en el país. La virtud de este material es que al leerlo cualquier persona puede trasladarse automáticamente al momento.

Cuando estalló el paro cívico del 14 de septiembre de 1977, Manuel Cepeda desplegó toda la artillería periodística de VOZ para cubrir la movilización popular. Con el titular Colosal el paro, el semanario se dio a la tarea de informar desde diferentes lugares del país lo que fue el estallido social más importante del siglo XX.

Además, y con su seudónimo Antonio, Cepeda dejó en evidencia también su rol como analista: “El paro ha permitido, entonces, ubicar a cada quién según sus intereses materiales. Por eso mismo se ha convertido en una gran escuela política, cuyas lecciones hay que estudiar a fondo.

Especialmente porque las mayorías ciudadanas demostraron un grado sumamente interesante de autonomía y de toma de consciencia”.

Trabajo pendiente

El 11 de noviembre de 1988, en Segovia, Antioquia, un grupo paramilitar denominado “Muerte a Revolucionarios del Nordeste”, dirigidos por Fidel Castaño, irrumpieron en el municipio y asesinaron a 46 personas. La sediciosa acción tenía el objetivo de castigar a la población que, recientemente, había votado mayoritariamente por la Unión Patriótica.

Consumados los hechos, a este pueblo llegó Manuel y con cámara en mano dejó registrado la ofensiva de la extrema derecha en la crónica Castigo para los que enlutaron a Segovia.  Su pluma es más que elocuente de lo que fueron los días después de la ‘noche de los ríos de sangre’: “Entrar en Segovia es ver el caudal que manó púrpura de las venas de los trabajadores. Ya el hilo sanguinario se ha tomado negro y ha perdido su esplendor rojo. Pero la sangre derramada sigue mirándonos y exigiéndonos resistencia y combate para castigar a los asesinos y vencer al fascismo”.

Como el material es abundante, es difícil honrar en mil palabras la totalidad de la obra periodística de Manuel Cepeda Vargas. Es un trabajo editorial que sigue pendiente. Sin embargo, terminamos con el final de la última columna Flecha en el blanco, encontrada por Iván aquel fatídico 9 de agosto, hace treinta años: “Felices los de arriba. Y desdichados los de abajo. Se levanta el telón ahora sobre el gobierno de Samper.

Ya no está Leo para ayudarnos, para aportar su risa (no morbosa ni maligna) universal en la multitud de actos que vienen. Risa leonina, que bajo tierra parece decirnos: –no de-jen, compañeros, de alistar un acto de teatro, una canción, una pintura que digan que Colombia vive y sueña”. 


lunes, 21 de marzo de 1988

El camino a la guerrilla [2-3] Así vive y lucha la guerrilla

Formación en el campamento central de las FARC durante la II Conferencia de la Coordinación Guerrillera Simón Bolívar, marzo-abril de 1988. FOTO: DICK EMANUELSSON.

 


El camino a la guerrilla [2-3]

Así vive y lucha la guerrilla:

“Somos soldados de un ejército revolucionario, tanto hombres como mujeres”

Por Dick Emanuelsson

TERRITORIOS de las FARC / COLOMBIA / 1988-03-21 / La mula le dio una patada al guerrillero “Ramiro” directo en la ingle. Se dobló y se desplomó. Y perdió el conocimiento.

Sucedió hace dos semanas. Ramiro, que fue pateado por una mula, se encuentra ahora en el cuartel general de las FARC, El Estado Mayor Central, el máximo comando guerrillero, donde está siendo atendido por los médicos y enfermeras del campamento.

– La mula maldita me dio una patada justo en los testículos. Se volvieron como pelotas de fútbol. Mis heridas eran tan graves que el médico del frente militar donde estaba destinado no pudo tratarme. Por eso los compañeros se vieron obligados a llevarme hasta aquí en camilla durante el viaje de tres días, dice.

Para los camaradas de Ramiro, significó una penuria difícil. Viajaban de noche con todo el equipo de guerra porque era una zona donde las Farc no tenían control total. Lo llevaron por encima de las cimas de las montañas a una altitud de 3.500 metros. Bajando a “quebradas”, cañones de ríos, cruzando ríos en balsas de fabricación propia.

Pero ahora Ramiro, que es su nombre de guerra, yacía en una hamaca, aparentemente bien, pero según su propia declaración, con fuertes dolores.

Luego se muele el maíz que se convierte en la “arepa”, la tortilla colombiana. La tortilla se prepara en el horno detrás de los “panaderos”. FOTO: DICK EMANUELSSON.


Pasar el tiempo con libros

No pierde el tiempo. En sus manos tiene un grueso volumen de la editorial Progress de Moscú. El título es “La historia del movimiento obrero internacional”.

E ilustra bien la vida en el campamento establecido por las FARC.

¿Qué pasará con Ramiro cuando se cure? Es firme en su opinión:

– Iré inmediatamente al frente militar. Se necesita toda guerrilla en la lucha contra los fascistas y la oligarquía.

Hay muchos pequeñoburgueses que romantizan la vida guerrillera. Pero fueron pocos los que se realizaron sus planes. Y realmente no hay nada romántico en ser guerrillero.

A las 4.50 es la hora de la “formación”, como se llama. Allí, el comandante de pelotón respectivo distribuye las tareas a realizar durante el día.

Comienza el trabajo intensivo en el campamento. La carcasa se limpia y se limpia con agua y jabón. La madera de todas las instalaciones huele agradablemente a limpieza. Los aseos y zonas de ducha también. Las jardineras se arreglan y son desmalezados. Se alimentan a las gallinas, las vacas y los patos. El desayuno se prepara y se alista.

– Antes del desayuno, todos se duchan, dice Olga, una guerrillera con cuatro años en la guerrilla. Es obligatorio. Nuestra vida en el campamento se caracteriza por una estricta disciplina y reglas, de acuerdo con el reglamento interno.

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo.


Gran participación de mujeres

El elemento femenino es grande. Se notan inmediatamente. Para un outsider, especialmente un hombre que ha servido en el ejército, inmediatamente surge la pregunta de cómo es la relación puramente física entre mujeres y hombres.

– No estamos aquí por placer. Somos soldados de un ejército revolucionario, tanto hombres como mujeres. Los hombres son nuestros hermanos, nuestros compañeros de armas, subraya Olga.

Pero el amor ciertamente existe. . . Muchos en la guerrilla tienen relaciones, socializan. Son conscientes de que pueden ser separados en cualquier momento cuando uno es enviado al frente de batalla. La función del campo central se limita únicamente a la educación, la atención médica y otras tareas más breves. En tales condiciones, los guerrilleros también se dan cuenta de que pueden verse obligados a estar separados durante mucho tiempo. Están en guerra.

Olga es una de las guerrilleras que tuvo una relación con un compañero de combate.

–  Estuvimos juntos durante dos años. Yo había quedado embarazada cuando él fue enviado al frente. Justo antes de dar a luz a nuestra niña, su pelotón fue emboscado en una emboscada del ejército. Lo mataron y nunca pudo ver a su hija. Pero en ella todavía veo una imagen y una continuación de mi camarada.

Olga parece dolida mientras cuenta su trágica historia. Pero ella no derrama ninguna lágrima. Ella es muy consciente de las consecuencias de unirse a la guerrilla. Y con la fuerte convicción interior que caracteriza a los miembros de las FARC, ha superado el dolor de su compañero caído en la batalla y en la vida. Sabe que es un destino que podría ocurrirles a todos, incluida ella misma.

– Una amiga en Bogotá está cuidando a mi niña, se encuentra bien. Por supuesto, a veces es difícil cuando pienso en ella. Pero aquí en el campo es imposible tenerla. La fuerza aérea puede bombardearnos en cualquier momento y yo no puedo vivir en la ciudad porque la inteligencia del ejército me conoce. Por tanto, mi hija está más segura en la ciudad que en el campamento.

Y hablando de campamento. En realidad, no es un campamento. Es un pueblo más grande con todas sus diferentes formas de servicio comunitario. El campamento existe desde hace muchos años. Ya durante la “La gran Violencia”, la ola de violencia que arrasó Colombia en 1948-1953, los liberales habían establecido su cuartel general en las montañas. La ubicación está a 20 minutos en helicóptero desde Bogotá. Cuando la Comisión de Paz visitó el campo en 1984, aterrizaron aquí.

– Tenían los ojos muy grandes, dice el legendario máximo líder guerrillero, MANUEL MARULANDA, alias “Tirofijo”.

El reportero con la guerrillera Olga. FOTO: ALVÁN.



“¡No te atrevas a bombardear!”

¿Cómo es posible que el campo no haya sido bombardeado?, preguntaba siempre un forastero. Los guerrilleros y sus comandantes siempre sonríen ante la pregunta.

– Es simplemente porque no se atreven, suele ser la respuesta.

E incluso el comandante en jefe del ejército de 70.000 efectivos en Colombia lo confirma. Costaría demasiado. Por tierra es imposible. Los soldados serían presa fácil para los guerrilleros. Por vía aérea también tiene sus riesgos, ya que toda la cresta que rodea el campamento por tres lados está cubierta por baterías de ametralladoras guerrilleras.

Pero la vigilancia sólo es necesaria a primera hora del día, durante la última parte de la tarde las nubes descienden como un velo protector sobre las montañas y el campamento.

Por tierra, se tarda tres días en llegar al campamento, independientemente de tu procedencia. En el camino, sólo se ven carteles o lemas pintados de la Unión Patriótica (UP), la alianza política y legal de izquierda creada después de que las Farc y el gobierno conservador de Belisario Betancour concluyeran un “Acuerdo de Cese al Fuego” en mayo de 1984.

UP obtuvo representación parlamentaria en las elecciones de 1986. Pero la “Guerra Sucia”, o, en otras palabras, la liquidación física de la izquierda colombiana en la forma de la UP, comenzó ya después de las elecciones presidenciales de 1986. El candidato de la UP, Jaime Pardo Leal, sacudió a los liberales y conservadores de los dos países. sistema de partidos y fue asesinado el 11 de octubre de 1986.

En el campo, la gente vive más segura que los revolucionarios que luchan clandestinamente en las ciudades. Todos los días, los guerrilleros reciben noticias de que miembros de la UP, trabajadores o agricultores han sido víctimas de los escuadrones de la muerte en las masacres.

Pero retribuyen a sus camaradas caídos en la batalla. Las FARC, que es la organización guerrillera más grande y antigua de América Latina, se ha desarrollado de manera impresionante.

En sus filas se encuentran miles de guerrilleros. De ser un grupo de 48 agricultores que se enfrentaron a 16.000 soldados del ejército equipados modernamente en 1964 en la Batalla de Marquetalia, las FARC ahora operan, según la dirección del ejército, en más de 42 frentes militares en todo el país. Extraoficialmente, se dice que las FARC han establecido cerca de 60 frentes militares.

 

Una de las varias trincheras alrededor del campamento guerrillero. A la derecha JOSELO LOSADA, uno de los fundadores de la guerrilla de las Farc junto con Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Losada está entre los 48 campesinos de la Batalla de Marquetalia, mayo de 1964. FOTO: DICK EMANUELSSON.



Atención médica en el campamento.

En el campo central hay médicos, cuatro enfermeras, incluso un dentista y su asistente. Los colombianos de las ciudades también vienen aquí para formarse en la escuela de guerrilla.

Durante mi visita de dos semanas a las FARC también se realizó la segunda reunión de la “Coordinación Guerrillera Simón Bolívar ”. Durante tres días, las seis organizaciones guerrilleras existentes se reunieron para trazar los lineamientos políticos y militares para la continuación de la lucha conjunta.

Para la oligarquía colombiana y su ejército, la unificación de la guerrilla es un severo revés. A lo largo de los años, han podido aprovechar la división dentro de la guerrilla. Pero ahora esto, a través de la conversación, ha sido eliminado.

La guerrilla se esfuerza por unirse en un gran ejército popular y revolucionario. Se dan cuenta de que la unidad es un requisito previo para poder aplastar a la oligarquía en Colombia.

Para Olga, Coneyda y mi amiguito ”John-Jairo” de 13 años, quien estuvo cuatro años en la guerrilla, el asunto está claro; están dispuestos a dar la vida por una Colombia libre y democrática.

Para la cúpula del ejército colombiano [1], estos representan una amenaza mortal. Pero para el pueblo una promesa.

Reportaje publicado en el diario Norrskensflamman, “La Llama de Aurora Boreal”, fundado por los mineros en el norte de Suecia, 1906. Fue en ese momento el órgano regional del partido socialdemócrata. Pero en la división entre la corriente reformista y revolucionaria 1917 tomó el paso a la izquierda y fue el diario y órgano regional del naciente Partido Comunista de Suecia. Fue el diario comunista más antiguo del mundo después el diario L´Humanite, del partido comunista francés. El 1990 fue convertido en semanario debido a la crisis política del movimiento internacional comunista. El reportaje fue publicado en las páginas 9 y 10, el sábado 16 de abril de 1988.

 

 


viernes, 18 de marzo de 1988

“Tirofijo” en las montañas de Colombia es el Che Guevara de hoy [3-3]

 

Ciro Trujillo Castaño y Manuel Marulanda esperando el ejército en Riochiquito 1964. FOTO: Jean-Pierre Sergent y Bruno Muel (Francia).


“Tirofijo” en las montañas de Colombia es el Che Guevara de hoy [3-3]

Por Dick Emanuelsson

BASE CENTRAL de las FARC / 1988-03-28 / El ejército de 16.000 soldados atacó por todos lados. Desde el aire, la aviación arrojó sus mortíferas cargas. El objetivo militar eran 48 trabajadores agrícolas mal armados, el lugar, un pequeño pueblo de los Andes, fue designado como la ”República de Marquetalia”. “La Operación Laso” había comenzado.

Era el 27 de mayo de 1964. El líder de los campesinos era Manuel Marulanda, alias “Tirofijo”, el infalible.

La Batalla de Marquetalia pasó a la historia como la batalla en la que el ejército, superior en armamento y personal, no logró aplastar a los 48 trabajadores agrícolas y a una mujer que realizaron una retirada táctica para evitar perecer.

La Operación Laso (Latin American Security Operation) era el plan del Pentágono, es decir un plan y cálculos hecho por los militares estadounidenses que ocupaban el segundo piso en el Ministerio de Guerra (hoy Defensa) en la capital colombiana, Bogotá.



El líder militar de los labriegos y de la cooperativa de Marquetalia, MANUEL MARULANDA, ya era ampliamente conocido por el ejército y los campesinos, incluso antes de la batalla en las montañas del departamento de Tolima. Muchas veces, durante los años 50´, sus enemigos habían intentado liquidarlo. Había sido herido dos veces, en el cuello y en el brazo. Pero siempre logró escapar. Se trata del guerrillero que, según los comunicados militares del ejército, “ha muerto al menos mil veces”.

No quiere que lo comparen con el Che Guevara o Fidel Castro, líderes legendarios e históricos de la Revolución cubana.

– Algunas personas hacen esa comparación. Pero yo no lo hago, aunque sí, en la batalla intentamos alcanzar las mismas alturas como ellos, dice modestamente.

Durante casi cuatro décadas ha participado en la lucha armada. Al principio era liberal, pero a principios de la década de 1950 se pasó al Partido Comunista. Organizó a los campesinos en comandos de autodefensa, las “Ligas Comunistas Campesinas”.

Manuel Marulanda y Ciro Trujillo Castaño, dos de los fundadores de las FARC.
FOTO: Jean-Pierre Sergent y Bruno Muel (Francia).


Silenciaron las armas pero las mantuvieron

Durante algunos años en los años 50´, cuando se emitió una amnistía, él y sus compañeros depusieron las armas pero no las entregaron.

Cuando se intensificó la persecución a los guerrilleros en la “Gran Violencia”, 1948-1953, estos volvieron a sacar las armas. Sabían que no podían confiar en el aparato militar de la oligarquía. Y sus temores se confirmaron.

Después de la Batalla de Marquetalia, (corregimiento de Gaitania, en el municipio de Planadas, Tolima), del Tolima, se formaron las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. El líder evidente era Manuel Marulanda, “Tirofijo”.

De haber sido 48 trabajadores agrícolas, hoy (1988) las FARC han crecido hasta convertirse en la organización guerrillera más grande y experimentada de América Latina. Según la dirección del ejército nacional, la insurgencia tiene entre 12.000 a 15.000 guerrilleros armados. Las FARC operan en todo el país desde sus “Frentes Militares”. Grandes zonas quedan liberadas y bajo el control de las FARC. Los campesinos están organizados en grupos de autodefensa o directamente en la guerrilla.

Bombardeo bi-motor B-26. Aparato típico de contrainsurgencia en América latina por las décadas 60-70. FOTO: Jean-Pierre Sergent y Bruno Muel (Francia).


Pocos periodistas han llegado a “Tirofijo”

Son pocos los periodistas que han entrevistado al comandante Marulanda. A diferencia de grupos como el M-19, se ha escrito relativamente poco sobre Marulanda y las FARC. Admiten en la conversación personal que subestimaron el papel y la importancia de los medios de comunicación. Creen que se presta la mayor atención a los resultados de la batalla con el ejército. Y siendo humildes campesinos, jornaleros y obreros que son, normalmente se sienten incómodos frente a las preguntas y las cámaras de los periodistas.

El Che Guevara expresó una vez el sentimiento de los guerrilleros de la siguiente manera: “El combate es el éxtasis del guerrillero”. Pensé en estas palabras un cuarto de hora antes de entrevistar a Manuel Marulanda, el legendario “Tirofijo” en América Latina. Para un periodista con convicción revolucionaria y fe en la lucha y poder del pueblo, es un momento destacado, una cierta forma de satisfacción, tener la oportunidad de entrevistar a una personalidad revolucionaria como Marulanda.

Pero rápidamente fui sacado de mi “éxtasis” por un guerrillero que dijo un poco impaciente: “Camarada, ¡vamos ahora! El camarada Marulanda está esperando”.

Su residencia en las montañas

Por inexperto que era (1988), pensé que estaba en el campamento central. Pero su lugar de residencia está a dos kilómetros de distancia, en lo alto del macizo montañoso oriental de los Andes.

Nos acercamos al lugar. Aquí y allá aparecían trincheras con guerrilleros desplegados con ametralladoras calibre Punto 30, 50 o 60.

Manuel Marulanda tiene su propio cordón de seguridad, tropas de élite. Son indefectiblemente leales. No es una lealtad fanática, sino una admiración ilimitada por un revolucionario que, durante cuatro décadas, ha puesto su vida al servicio del pueblo colombiano. Sus tropas están bien armadas. Con uniformes verdes, machete, granada de mano, pistola, mochila y carabina automática. Hacen guardia en las colinas que rodean el campamento guerrillero por tres lados.

“Tirofijo” odia los uniformes. Viste pantalones normales, una camisa, un jersey de punto y la habitual toalla verde echada sobre un hombro. En el lado derecho tiene una Smith & Wesson de 38 mm y en el lado derecho un machete. Tiene botas de goma. Es de constitución corpulenta. Los pómulos son altos y el cabello despeinado por el viento.

MANUEL MARULANDA con su "Radio 140", igual que utilizaron los yankies en Vietnam en su genocidio contra el pueblo. Pero a final perdieron.
FOTO: DICK EMANUELSSON.


Un hombre humilde y discreto

El paisaje circundante es increíblemente hermoso. Estamos a una altitud de casi 3.500 metros. Un terreno que yo veía como inexpugnable para el ejército.

A diferencia de Jacobo Arenas, considerado en los medios como “el ideólogo de las FARC”, yo diría que los dos se complementan, Manuel Marulanda es discreto. Da la impresión de estar de mal humor, pero cuando comienza la conversación, resulta que es muy humilde. Es fácil que te guste.

– ¡Buen día camarada. Los cadetes le siguen hasta el final, declaró uno de los mandos de la tropa mientras se alinean frente a Manuel Marulanda. Él es una leyenda viva del Che Guevara, leyenda de los pueblos latinoamericanos luchadores.

 

JACOBO ARENAS en la selva después del ataque declara Manuel Marulanda como jefe del Estado mayor del Bloque surFOTO: Jean-Pierre Sergent y Bruno Muel (Francia).